A patadas tuvo que encajarlo hoy. Y es que cada año se vuelve más difícil forzar los resultados. La realidad se revela con mayor ferocidad cada vez, y las centenarias fórmulas clericales, son aplicadas a un cuerpo cuyas moléculas se transforman velozmente. El marco que ha de contenernos tiene los bordes ligeramente astillados, pero no crean, nunca falta quien, desde adentro, le aceite un poco, y terminemos introduciéndonos, no sin magullarnos e incomodarnos increíblemente. Y bueno, nunca faltarán, nunca faltaron.
La presión del hacinamiento nos impone el contorsionismo como habilidad esencial para sobrevivir, de otro modo nuestras extremidades se fracturarían o nos desangraríamos, tendríamos una muerte lenta, y nos pudriríamos entre la multitud, dejando la peste e infectando enfermedades, como el recato o el desdén, así como el ateo resentido profana palabras venenosas contra la gracia y el pudor. Pero el ateo renace para el próximo ciclo, y no solo él, sino muchos otros que no sobrevivieron. Y los sacerdotes se dan aconvencer a esa gran masa para entrar al cuadrilátero. Los tiempos cambian, ¿no es así?. Cambian los colores del cielo, las formas de las nubes, hasta las cordilleras nacen y mueren.
La incompatibilidad entre el sacerdote y el resto, se zanja cada vez más grande, hasta tal punto, que pronto no podrá tocarlos, no podrá mover ni a uno solo, como si fuera un fantasma, como si ellos fueran granos de arena que se deslizan entre sus dedos decrépitos. La institución que defiende con su sangre, su saliva y su castidad, perderá legitimidad eventualmente. Habrán muerto cien cordilleras y tres colibríes. Pero, los ríos siempre irán al mar, y la gravedad nos atraerá al centro del planeta.
¿Llegará el día en que ese cuerpo se vuelva incontenible y se esparza por una superficie más allá del horizonte, más allá de lo que si acaso imaginamos? Bueno, no todos los clérigos usan siempre sotana ni votan por la castidad. A veces se ponen pieles más acordes, y como buenos arquitectos, nos moldean encierros amorfos, asimétricos, que serpentean en direcciones tan erráticas como nuestra voluntad libre, ¡libre al fin!. Casi estimula nuestros caprichos modernos, y es que los más rebeldes intereses, culminan apoteósicos, se convierten los nuevos paladines. Comenzaron puros en la naciente, arriba de la montaña, pero el devenir los entregó al mar como aguas negras. Son el nuevo Dios®, que ya no será relacionado con túnicas, cruces y vírgenes, sino con dólares, putas y cuanta marca pueda concentrar más poder divino sobre sí.
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miércoles, 3 de agosto de 2011
jueves, 27 de agosto de 2009
Religiones Encubiertas
Las probetas y las placas de Petri poco a poco se van emplazando en el nuevo púlpito, donde de paso, el predicador substituyó la sotana por una bata blanca. Las liturgias ya no son pasajes bíblicos, sino leyes de la termodinámica, y de nuevo, antiguos revolucionarios son, en boca de otros, multiplicados como los nuevos dogmas por vencer, en contra de su principio originario.
Plantean ecuaciones matemáticas en pretensión de socavar las últimas esperanzas de las masas ennegrecidas por el hambre de sus jefes. Aducen que los males del mundo se deben a las mentiras de la fe, a la autocomplacencia como una conducta humana vergonzosa, solo vista en aquellos indignos e incapaces de pensar por su propia cuenta, los que dan solución a las incógnitas invocando las nubes del cielo…las ovejas…pero, los rebaños también se empapan de órdenes superiores en los auditorios de la Academia, también reflejan un fin, y no precisamente uno muy noble, después de todo, por las venas de la ciencia también corre oro, brillante oro.
Incuestionables los párrafos de sus libros, a pesar de saber bien que no se puede meter al universo en una gaveta, cerrarla y pasar al siguiente problema, como si la Teoría del Todo fuera un crucigrama de domingo. Su verborrea intenta escribir en piedra las palabras que los revolucionarios admitieron en arena, pues tras cada marea baja se necesitan reconstruir las carreteras de nuestra percepción existencial.
Verdaderamente, la línea entre cielo y tierra se desdibuja conforme los cables del titiritero se entrelazan mientras se dramatiza la pelea entre muñecos, finalmente, monigotes del mismo artesano.
Prefiero no escribir mucho al respecto, prefiero que el lector se forme un criterio pero...solo quiero aclarar algo, soy agnóstico, casi ateo. Solo por aquello que confundan mis posturas religiosas.
Plantean ecuaciones matemáticas en pretensión de socavar las últimas esperanzas de las masas ennegrecidas por el hambre de sus jefes. Aducen que los males del mundo se deben a las mentiras de la fe, a la autocomplacencia como una conducta humana vergonzosa, solo vista en aquellos indignos e incapaces de pensar por su propia cuenta, los que dan solución a las incógnitas invocando las nubes del cielo…las ovejas…pero, los rebaños también se empapan de órdenes superiores en los auditorios de la Academia, también reflejan un fin, y no precisamente uno muy noble, después de todo, por las venas de la ciencia también corre oro, brillante oro.
Incuestionables los párrafos de sus libros, a pesar de saber bien que no se puede meter al universo en una gaveta, cerrarla y pasar al siguiente problema, como si la Teoría del Todo fuera un crucigrama de domingo. Su verborrea intenta escribir en piedra las palabras que los revolucionarios admitieron en arena, pues tras cada marea baja se necesitan reconstruir las carreteras de nuestra percepción existencial.
Verdaderamente, la línea entre cielo y tierra se desdibuja conforme los cables del titiritero se entrelazan mientras se dramatiza la pelea entre muñecos, finalmente, monigotes del mismo artesano.
Prefiero no escribir mucho al respecto, prefiero que el lector se forme un criterio pero...solo quiero aclarar algo, soy agnóstico, casi ateo. Solo por aquello que confundan mis posturas religiosas.
Etiquetas:
ciencia,
dogmatismo,
física,
religión
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